viernes, abril 27, 2007

Hace unos días llegó a casa un gorrión,
como dormido, como cansado, como abandonado,
Llegó y lo enjaulamos,
primero con un colador de la cocina que pusimos boca abajo en un mueble,
Luejo en una jaula más grande, un canastillo de esos de las garrafas,
Ahora estaba en un chalet,

Dos días después, emitió por primera vez un pequeño trino,

Entendí lo que me dictó, pero fingí no saber su idioma.
No sé por qué tratar de engañarlo, si conozco lo que es perderse en el camino.

No quiero que vuelva a volar como los demás gorriones.
Quiero tenerlo hasta que repita lo que dijo anteriormente.
Lo llenaré de lechugas e insectos frescos, para que hable de nuevo.

(qué pena vivir encerrado, sin ocupar tus alas, chocando en un reducido espacio)

No quiero seguir siendo culpable de tu encierro.
Apenas trines, sabré que te vas de aquí.

Mucho cuidado con los gatos callejeros y techeros.
Cuidado, también, con colegas carceleros.
No nos veremos.

2 comentarios:

Macarena dijo...

Ya esta listo, ya la herida sano... Ahora solo hay que esperar a que él decida cuando emprender un nuevo vuelo.

Saludos

PS: Gracias por pasar por mi lugarcito. :)

Vestal dijo...

que heavy suena eso de enajular, de tomar preso arbitrariamente. Increible el poder que veces llegamos a tener y no nos damos ni cuenta.
Al menos sabias su idioma y no seguiste finjiendo.
Todos algunas vez hemos errado el camino.
un abrazo